Xx DeDoS mOjaDoS xX
jueves, mayo 18, 2006 Señor lápiz

Cuando estaba en el colegio me senté durante toda la media al lado de la ventana. Me gustaba mirar al patio mientras los profes daban la lata, ver como mis compañeros (grandes y chicos, no soy discriminador) hacían educación física. Me excitaba ver a los minos sudados, corriendo, saltando, sacando la lengua, rascándose la espalda y empujándose. Las erecciones no se hacían esperar, mi pene se hinchaba al momento de contemplar tan dichoso cuadro. Con mi compañera de puesto solíamos tener un juego super entretenido. Ella me enseñó que uno no siempre puede tener lo que quiere en la vida, y como en esos instantes rogaba poseer un miembro que se introdujera en mi trasero, me mostró una variada gama de sustitutos. ¡Si no puedes tener un pico que te culee, entonces reemplázalo!, sentenció categórica y procedío a enseñarme un sucedáneo de ese pedacito de carne que tanto me hace estremecer.
Ella también lo hacía, así que me explicó y aprendí.
Al día siguiente mi estuche estaba repleto de los materiales correspondientes. Estaba en clases, aburrido, mirando por la ventana, hasta que me calenté. Ví a un compañero más grande, en ese entonces debe haber estado en cuarto medio, y siempre fue protagonista de mis sueños mojados. Proseguí abrir mi estuche lentamente, saqué un lápiz, lo chupé un poco, me bajé la cremallera del pantalón (era más fácil cuando iba con el buzo), corrí el calzoncillo y lo metí de una.
Un lápiz no me hacía ni cosquillas, por lo que agarré un fajo de tres lápices y me los introduje lentamente, hasta llegar casi al tope. Las vibraciones no se hicieron esperar, me moví lentamente sobre ellos, mis piernas chocaban con la silla de adelante empujándola sin querer, con una mano me agarraba del banco, contenía la respiración para no despertar sospechas, mientras hacía los movimientos correspondientes. Eran diez minutos intensos, con las piernas acalambradas, con el apetito casi saciado, con mi pene apunto de acabar y con el ano complacido.
Cuando eyaculaba cerraba los ojos, apretaba los dientes y sacaba rápidamente los lápices.
Los guardaba para futuras ocasiones, lo malo es que se me perdían o me los robaban, pero eso no me importaba, total, podía comprarme más.
Un día citaron a mí apoderado, le recomedaron que me tenían que llevar a un neurólogo porque varios profesores decían que nunca me quedaba tranquilo en el puesto, que me movía demasiado y que era incapaz de quedarme quieto.
Fuí un tiempo para ver que pasaba con el neurólogo, pero eso es harina de otro costal.
A veces retomo mis viejas andanzas, y obviamente que aún sigo agradeciéndole a mi santa compañera por el favor concedido. Si no hubiera sido por ella, nunca habría descubierto el placer de los lápices. Aunque pensándolo bien, cuando era más pendejo y veía "Cachureos" siempre tuve una cierta fascinación por el Señor lápiz, ¿por qué habrá sido?, no tengo la menor puta idea.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 5/18/2006 10:13:00 a.m. :: 1 comments

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