Xx DeDoS mOjaDoS xX
sábado, agosto 19, 2006 Despertando con José Luis Repennig

Todas las mañanas me despierto con la tele, es mi despertador oficial, nunca me falla, podrían existir hombres así, aunque si tuviera uno, preferiría que me despertara con una buena sesión de sexo oral.
Reconozco que me cuesta quitarme el sueño de encima, bueno, soy honesto, me cuesta quitarme cualquier cosa de encima.
Para lograr vencer esa flojera, empiezo a cambiar de canal en canal, buscando algo que me entretenga, que me llame la atención y que me haga despertar de una.
No sé que me pasa, pero todas las mañanas amanezco con mi miembro un poco más dilatado, extendido, ocupando más espacio de lo normal.
Cuando estoy acostado me da por jugar con mis vellos, acariciarlos, enrollarlos y después lamerme los dedos. También me encanta toquetear mis testículos y que se resbalen por mis manos. Otra cosa que me gusta es pasar la yema lentamente por mi entrepierna, por todo ese sector, no introducirme nada, a esa hora amanezco cerrado completamente, comprimido, en definitiva, a esas horas de la mañana soy impenetrable.
Me fascina contemplar mis muslos bien desarrollados, mojarme dos dedos, y deslizarlos sobre ellos.
Todas las mañanas me dan ganas de masturbarme, de pajearme hasta más no poder. Para eso busco a ese hombre que sabe satisfacer mis necesidades. Ese mismo que recita un montón de sucesos frente a mis actos desesperados de calentura. Ese mismo que no escucha mis alaridos cuando me estoy introduciendo lo primero que tenga en la mano, imaginándome que es él, el que me está poseyendo por mi parte trasera. ¡Sí!, todas las mañanas recurro a mi querido, amado y deseado lector de noticias.
Fielmente estas frente a mí vestido formalmente, bien peinado, con los ojos chiquitos por la falta de sueño. Quizá que perra barata te lo está lamiendo en las noches y tú te la follas a medias. Es injusto, si yo te tuviera a mi lado te consentiría en todo, serías mi hombre, mi esclavo, mi amante, mi follador, mi niño, mi todo.
Mis mañanas no serían lo mismo si tú no fueras parte de ellas.
Al escuchar tu risa picara y tus comentarios seudo-inteligentes, mi pene se erecta y comienza a ponerse jugoso. Me encanta probar mi líquido pre seminal. En las mañanas tiene un sabor que oscila entre lo agridulce, con pequeñas condimentaciones de orina.
No sé que me pasó, pero ayer fue distinto., te sentí más cerca que nunca, y no pude evitar tomar otras medidas para saciar mi apetito.
Estaba recostado, con las piernas abiertas, sin polera, con el ano húmedo, con el pene duro, grueso y a punto de rebalsarse. Tiré las sabanas hacia atrás, me levanté, caminé por la pieza con mis shorts levantados a mas no poder, tomé el mueble del televisor, lo acerqué a mi cama y por fin lo tuve en frente de ella.
¡Uff! que imagen aquella, nunca pensé que lo tendría en esa posición.
Mis manos traspasaron la pantalla, agarraron su chaqueta, juguetearon con sus cabellos engominados, mi lengua se introducía en su boca y limpié cada uno de sus dientes.
Le saqué la corbata, despedacé su camisa barata de esas que venden a dos por cinco lucas (no importa ese gesto kitsch, igual lo deseo), saqué su correa de cuero, la estiré frente a su mirada atónita, azoté el suelo con ella y luego la pasé por detrás de su varonil y grueso cuello. Quise asfixiarlo, pero entonces mataría al causante de este ardor interno matutino. Mis manos jugaron con tu pene, lo guié hacia mi trasero y me lo introduje de una (al fin y al cabo, con un poco de estimulación todo entra, no importa la hora)
Sentí que me cogía, mientras gemía las noticias que le faltaban por relatar.
Me movía harto, es como si estuviera cabalgando un caballo, tenía ganas de partirte el miembro en mil pedazos. Saltaba, me contorneaba, apretaba mis entrañas, le pegaba cachetazos con una mano, mientras que con la otra jalaba la correa que estaba puesta alrededor de su cuello.
A esas alturas mi short había desaparecido, estaba completamente desnudo para él. Me movía, me movía, me seguía moviendo, vamos, vamos, dale, dale. Tenía dos dedos adentros, estaba con las piernas en cada extremo de la tele, y sentía como los vellos de mis zonas bajas, se encontraban erizados por la estática que se producía por el roce de mis extremidades con la pantalla encendida.
Agitado, acalorado, desesperado por tenerlo dentro de mí, me azotaba sin consideración con el aparato. Escuchaba su voz, sentía la fricción, el calor recorría cada una de miz partes, mi pene estaba demasiado erecto, mi culo demasiado abierto, ¡por favor hazme acabar!, ¡por favor hazme tuyo!, le gritaba desaforadamente. Mis suplicas eran cumplidas y con cada grito el orgasmo se hacía venir. ¡Dale!, ¡otra vez!, ¡sí!, ¡más fuerte!, eran las líneas que recitaba.
Finalmente expulse toda mi calentura en un chorro espeso, denso, consistencia típica de la mañana. Por tu cara se resbalaba mi semen, te acaricie el rostro y limpié mis sobras con mi lengua.
Mis mañanas sin él no serían las mismas, mis días sin mi hombre no comenzarían de la misma forma. No te preocupes, cada vez que te vea, recuerda que acá estoy, sediento y esperando que me hagas tuyo otra vez.
Nos vemos mañana, por el mismo canal y a la misma hora.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 8/19/2006 11:26:00 p.m. :: 2 comments

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