Xx DeDoS mOjaDoS xX
martes, agosto 15, 2006 Húmedo

Estaba en el patio, agachado, vomitando todo el copete que había bebido durante la tarde. Mi cabeza daba mil vueltas, apenas podía estabilizarme, era extraño, expulsaba todo el copete por la boca y sentía como mi pene se erectaba.
Miraba hacia la mesa donde estaban todos tomando, comiendo, y observaba con cierta envidia, como besabas a esa mina que siempre que se emborracha, le baja el cariño por ti. En cambio yo, sobrio o con trago, te he deseado desde el fondo de mis entrañas, pero nunca te he podido tener, nunca. A veces te contemplo en clases, lujurioso y sediento por tener tu pene en mi boca, pero trato de disimular esa calentura interna que revoluciona mi esfínter, y que lo hace dilatarse al máximo.
Decidí ponerme de pie, caminar hasta tú lado, tocar tu hombro, interrumpir tus besos, mirarte fijamente, tomar tu cara con mis dos manos, cerrar los ojos e introducirte toda mi lengua alcoholizada en tu pequeña boca.
Al principio vi tu cara de sorpresa, tus ojos abiertos y expectantes me reflejaban que estabas desconcertado, pero cuando posaste lentamente una mano en mi hombro y la otra en la espalda, me di cuenta que entrabas en calor.
Te besé con desenfreno, con locura y pasión. Mi lengua recorría cada rincón de tu boca, jugaba con tu lengua, limpiaba tus dientes, trataba de alcanzar el comienzo de tu garganta. Estaba sediento, necesitaba tu saliva, me la tragaba para calmar mi ansiedad pero me era insuficiente, quería algo más.
Mis manos recorrían simultáneamente tu cara, tu espalda, tus pectorales y tu vientre.
Introduje mi dedo meñique en tu ombligo, lo sacaba lo lamía y lo metía despacio, juguetón, queriendo llegar más lejos, pero no podía.
Tu mano izquierda se posó tímidamente en mi trasero, mientras que la otra presionaba fuertemente mi espalda.
El beso se hacía eterno, me excitaba envolver tu lengua con la mía.
Nos abrazamos. Cuando nuestros cuerpos se pegaron, pueden sentir como tu entrepierna se levantaba sin consideración alguna. Pude sentir tu carne dura, rígida, tiesa, como si quisiera escaparse por entre medio de ese calzoncillo ajustado que llevabas.
Sin pensarlo dos veces, bajé mi mano por tu cuerpo, toqué tu ombligo, jugué con tus escasos vellos y comencé a masturbarte lentamente.
Tu pene estaba indomable, a punto de querer ser engullido y quería tragármelo de una. Ese siempre ha sido mi deseo, y lo conseguiría como fuese.
Jugaba con tu forro lentamente, no despegaba mis labios de los tuyos, me gustaba escuchar como te quejabas, tus sollozos me transformaban en una fiera a punto de comerse a su presa.
Me agaché, te bajé el cierre, saqué mi dulce y lo empecé a lamer. Sentí como tus manos se agarraban de mi pelo y me hacían introducirme ese trocito de placer hasta mis amígdalas. Chupé tu cabeza rosada, te lamí las bolas y las succioné. A cada una le rendí pleitesía, a cada una la traté con dedicación, a cada una las toqué y olí para excitarme aun más.
Me levanté, te agarré de la mano y nos recostamos en el pasto. Introdujiste dudosamente tus dedos en mi boxer, me masturbabas con cierto reparo mientras seguía tragándome toda tu lengua.
No aguanté más, estaba muy caliente, muy mareado, muy ansioso. Te bajé los pantalones, y te la empecé a chupar como si fuera un helado de crema a punto de derretirse. Te quejabas, te movías rápidamente, te daba cosquillas, te daba placer. Mientras me comía todo tu pene, mis dedos jugaban con tus testículos estáticos. Me gustaba ver la cara de complacido que ponías cuando me engullía ese pedazote tieso que se elevaba de tu pubis. Tuve ganas de montarme arriba tuyo, pero no quise, por esta vez iba a dejar a mi pobre trasero descansar. Saqué mi pene y lo froté con tus piernas semilampiñas. De lo único que recuerdo, es que lo chupaba, lo chupaba, lo chupaba, me daban arcadas, lo seguía chupando, corría tu forro, lo succionaba, lo soplaba, lo apretaba con mis labios, jugaba con el, lo seguía chupando. Apliqué en tu miembro las mil y un formas que sé para hacer sexo oral. Giraba alrededor de tu glande, le introducía sutilmente la puntita de mi lengua a tu orificio, te presionaba los contornos y te cortaba la circulación para aumentar tu orgasmo.
Me descontrolaba escuchar tus quejidos y sentir tus dedos jalando de mi enrulado pelo.
Lo seguí probando, sentí tus contorneos desesperados, sabía que culminarías, quería escucharte acabar, quería verte finalizar, quería hacerte expulsar un chorro abundante y espeso. Me masturbé apresuradamente para alcanzar tu ritmo.
Acabé en el instante en que me tiraste tu líquido tibio en mi lengua. Lo saboreé como si fuera un trago agridulce, que me saciaba esa sed descontrolada.
Después de un par de minutos te lo sacudiste, lo guardaste, y te fuiste.
Quedé en el patio vomitando, cerré los ojos, los abrí y vi el techo de mi pieza. ¡Chuta!, estoy todo pegajoso, las sabanas están tiesas, tendré que levantarme a ir a buscar confort antes de que se seque el semen en mi pijama.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 8/15/2006 07:05:00 p.m. :: 1 comments

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