Xx DeDoS mOjaDoS xX
martes, agosto 29, 2006 Sin pelos en la lengua

El otro día estaba acostado viendo tele, esperando que me bajara el sueño para quedarme dormido. Con una mano cambiaba los canales y con la otra me rascaba mi vello púbico.
Cada vez que empiezo a rascar mis pelos, mis dedos se deslizan hasta mis testículos, recorren el cuerpo de mi pene, tocan la cabeza, y se adentran tímidamente a mi culo que está siempre listo para recibir algo.
En una de esas tantas tocaciones, recordé que hace un tiempo atrás uno de mis amantes sexuales me dijo que le gustaban las pieles suaves, blanquitas y lampiñas, como potito de guagua. Esas frases se me quedaron dando vuelta en mi cabezota, deseosa de buen sexo, así que no se me ocurrió nada mejor que complacer a mi amado.
Parado en el baño, desnudo, mirando fijamente esos pelitos que brotan de mi entrepierna, decidí caminar hasta mi pieza, abrir mi estuche, sacar mis tijeras y empezar a recortar lentamente mis vellos.
Uno a uno iban desapareciendo, podía ver como mi piel iba predominando esas zonas, mientras que el suelo se iba plagando de cabellos secos, oscuros y ondulados.
Dejé la tijera a un lado, tomé el tubo de la crema de afeitar, me tapé el miembro con una mano y bañé mi zona púbica con ese líquido espeso y blanco que tanto me excita.
Saqué una máquina de afeitar y empecé a depilar esa zona. Uno a uno iban siendo podados los pobres vellos, no iba quedando nada en esas partes. No tenía ganas de parar, así que me afané y continué con las maniobras. Esta vez fueron mis genitales las nuevas víctimas de mi deseo de eliminar cualquier pelo de mi cuerpo.
Sostuve mis bolas con una mano, estaban tiesas, pasaba lentamente la presto encima de ellas. Sentí un cosquilleo que me calentó, me imaginé una lengua larga y babosa que estaba chupándome los testículos como si fueran dos bolitas de menta.
Mi pene se paró, estaba duro y firme como una torre que trataba de alcanzar el cielo. Se veía enorme, grande, gigante, nunca pensé que tuviese tanto. Tampoco se salvó de ser trasquilado, todo su contorno fue limpiado de esos pelos juguetones.
Ahora mi miembro era imponente, podía ver bien sus facciones, cada venita, cada centímetro de esa piel cremosa y sudorosa. Mi piel rosácea resaltaba, me gustaba como se veía, me dieron ganas de comérmelo, pero por incapacidades fisonómicas mi cuerpo me lo impidió.
Al día siguiente de haberme trasquilado, mi amante la gozó, recorrió cada una de mis partes privadas con su lengua juguetona. Por primera vez me dilataron con la lengua, me dejaron el culo mojado, húmedo y abierto. Mi pene saltaba de un lado a otro mientras me follaban y la carne mostraba su mejor lado.
El orgasmo lo conseguí con un poco de crema emulsionada, la cual recorrió mis genitales hasta llegar a mi ano sediento de algo más. Sentí ese espesor en mi vientre, era un frío pasional, que me hizo eyacular con tanta potencia, que el moco me llegó al pecho. Jugué un rato con mi semen y el de mi amante. Los mezclé con la crema, hice una pasta pegajosa y espesa, la cual la esparcí por todas mis partes.
El único inconveniente de todo esto, es que a los tres días me empezaron a salir los pendejos, y la picazón era inaguantable.
Corría por el patio del colegio para entrar al baño y rascarme. Me frotaba disimuladamente con el pupitre para calmar el ardor, me pasaba lentamente el lápiz para acomodar mi miembro que se rasmillaba con los nuevos brotes.
El martirio terminó a las tres semanas después, desde ese entonces que no lo hago. Me miro en las mañana y tengo ganas de saber cuanto está midiendo mi verga, creo que lo haré pronto, quiero tener una nueva perspectiva de mi pedazo de colgajo, y quiero volver a tener el placer de ver como un pedazote de carne se introduce por entre medio de mis lampiñas entrañas.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 8/29/2006 10:26:00 p.m. :: 2 comments

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