Xx DeDoS mOjaDoS xX
domingo, marzo 18, 2007 Tomando el olor

Cuando tenía siete años siempre salía a jugar a la calle. Recuerdo que siempre me llamaban la atención mis vecinos mayores, esos veinteañeros desarrollados, con buenos físicos y con una entrepierna bien abultada. Siempre me acercaba a ellos para conversar, buscando la posibilidad de que alguno tuviese alguna fantasía con un niño adorable, inocente, puro, con el culo virgen y bien apretado. Nunca obtuve nada de lo que me imaginaba. Nunca me violaron entre cuatro, nunca hubo uno que me invitara a ver tele a su casa y que me pidiera que se lo chupara.
Un día estaba aburrido, no tenía con quien jugar y tenía hambre, ganas de comprarme un par de dulces y saciar mi apetito. La única persona que estaba en la calle, era el tío del negocio, que siempre estaba regando cuando nosotros jugábamos en la plaza. Le gustaba mirarnos, nos saludaba, se reía de lo que hacíamos, y lo mejor, nos regalaba dulces.
Ese día el tío me saludó y me llamó. Me preguntó que hacía tan solo, le respondí que no tenía con quien jugar. Me invitó al negocio y me dijo que podía escoger cualquier dulce. Sin negarme lo acompañé. Le pedí el dulce más caro. Me lo dio. Cuando estaba a punto de ir a la calle me detuvo y me dijo que no se lo había pagado. Le contesté que no tenía dinero y que además el me lo había regalado.
Solamente me pidió un favor, que me bajará mis shorts y que le mostrara mi ropa interior. Como tenía hambre y el chocolate me llamaba a probarlo, sin pensarlo dos veces me desabroché el botón, me bajé el cierre y le mostré mis calzoncillos blancos.
El viejo se acercó y le tomó el olor a mi trasero húmedo, introdujo un dedo donde estaban mis testículos y después se lo chupó. Se sentó, se sacó el miembro y se masturbó. Después de eso hicimos un trato, yo debía quedarme callado y si quería todos los dulces del negocio, tenía que llevarle todas las semanas un par de calzoncillos sucios. Mientras más cochinos mejor.
Así pasaban las semanas, recuerdo que el día viernes le pasaba dos boxers y me los devolvía el domingo para que los volviera a usar. Me gustaba hacerlo porque podía comer todo lo que yo quisiera.
Cuando crecí y ya no me gustaban tanto los dulces cambiamos el pacto. Yo le pasaba mis boxers eyaculados (xq ahora eyaculaba), sudados y húmedos y él debía darme dinero.
No se negó. No podía. Era el único adolescente de todo el barrio que le hacía ese favor, y si no me daba lo que yo pedía, se acababan sus noches de placer oliendo mis calzoncillos sucios.
Un día el viejo me regaló un par de calzones y me pidió que los usara por un día. Eran unos colaless de color rojo. Le dije que yo no usaba lencería femenina, pero cuando abrió su billetera y me pagó el triple de la cuota pactada no me negué. Total, nadie me iba a ver con los calzones puestos y la plata me hacía falta.
Hasta el día de hoy le llevo mis boxers usados al viejo, lo malo es que está en las últimas, está a punto de irse cortado. Que lástima, voy a extrañar esa platita extra que recibía por mis calzoncillos sucios.

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 3/18/2007 06:12:00 p.m. :: 0 comments

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