Xx DeDoS mOjaDoS xX
martes, abril 17, 2007 Apagando la velita, soplando la corneta y celebrando con un champañazo


Y ya se ha cumplido un año desde que empecé a publicar mis vivencias. Muchos penes han pasado por mi boca y mi culo. Muchas batallas he ganado quedando casi con un paro respiratorio y otras simplemente pasaron sin pena ni gloria que no valen la pena mencionar.
Para celebrar este preciado año no podía quedarme atrás y quise experimentar algo totalmente desconocido para mí. Obvio, esa es la idea, ir adentrándome en mundos completamente nuevos, en una de esas logro alcanzar ese tan preciado orgasmo (últimamente no he podido acabar, así de simple, ni con todo un arsenal dentro mi culo estimulándome a mil por hora. Tal vez ya perdí la sensibilidad de esas partes, o me estoy colocando frígido, pero no sé que le está pasando mi trasero que no reacciona)
La cuestión es que conocí a un periodista que trabaja en Alfombra Roja. Conversamos de vez en cuando, nos mandamos mensajes de textos, hasta que un día me invitó a pasar lo noche con él. Okey! Sabía perfectamente a lo que iba, pero él fue sutil al decirme que podríamos ver una película y después salir a comer algo, entonces adopté mi tan cotizada postura de niño bueno e inocente y llegué a su casa.
Mientras preparábamos la comida, lo único que se me pasaba por la mente era bajarle esos jeans casi ajustados y lamerle toda la verga. No me importaba ni la carne que se estaba asando, ni las cosas para picar, lo que yo quería era todo su pene atravesado en mi boca, así me gusta, comérmelos atravesados.
Después de contarle mi historia de que no he tenido mucha experiencia y que no sé si estoy preparado para tener relación con un hombre (creo que no es necesario decir que ese cuento es ficticia, o sea, de que estamos hablando), sólo me quedaba esperar que él se me tirará encima y me besara sutilmente, para luego depositar toda su pasión en mis húmedos y sedientos labios.
No pasaron ni tres minutos y ya estaba haciéndole una conferencia de proporciones a mi querido periodista. No me gustó su miembro, lo tenía chueco, como un garfio, y esas cosas a mi no me gustan, cuesta mucho que entren y al final me causan más dolor que placer, pero como ya estaba en medio de la acción no podía echarme para atrás, así que seguí succionándolo.
Lo hice acabar con mi boca, me tiró todo el semen en la lengua y después nos besamos, esparciéndonos los fluidos por toda la cara. Después de un rato el descendió por mi estomago, me lamió el ombligo y bajó hasta que se quedó pegado en mi pene. Jugaba con mis bolas recién afeitadas y me masturbaba fuertemente. Al rato descendió por mis testículos hasta que llegó a mi trasero. Jugó con su lengua y sus dedos. Introducía las dos cosas simultáneamente, estimulándome y dilatando mi culo para prepararlo para la acción. Ya estaba medio urgido, no tenía idea como iba a introducir ese pene distorsionado, hasta que lo veo levantarse, camina hasta el baño y aparece con una pequeña botellita. Toma, inhálalo, es poppers, lo traje de mi viaje a Miami. Sin hacerme de rogar, tomé la botellita y me la acerqué a la nariz. Inhalé lo más fuerte posible, sintiendo un olor fuerte y penetrante, mareándome un poco. El también lo hizo, pero en menor medida. No pasaron ni dos minutos y sentía una calentura incontrolable, una ansiedad de pene increíble. Quería que puro me dieran por el culo. Me sentía abierto, dilatado, como si tuviera un foso enorme hambriento y sediento.
Me penetró y no me dolió. Todo entró de una. Comencé a cabalgarlo, quería montarlo hasta que me partiera en dos. Jadeaba, saltaba, gemía, gritaba, lo golpeaba y lo escupía. En lo único que pensaba era en su pene. ¡Quiero más, quiero más! ¡Dámelo todo!
Le tiraba el pelo, apretaba sus costillas, sentía que mi pene había crecido desconsideradamente y se lo introduje en su boca hasta provocarle arcadas. Era la primera vez que lo hacía con tanta euforia, con tanto salvajismo.
Sentí cuando acabó. Fue como si me hubiese bombeado el culo con semen. Yo también acabé, lo chorreé por todas partes, dejándole su pecho peludo todo pegoteado.
Después nos acurrucamos tiernamente, vimos una película romántica de los años 30, comiendo pastel y bebiendo champaña. Y así terminé de celebrar mi año de experiencias sexuales.

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 4/17/2007 08:22:00 p. m. :: 4 comments

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jueves, marzo 22, 2007 Con juguetito nuevo

La semana pasada me compré un consolador. Últimamente he estado con minos que no han logrado satisfacerme por completo, por lo que decidí realizar con mis propias manos, tan ardua tarea.
Escogí uno de los más largos, me gusta que sean grandes pero no tan grueso, eso si que me duele, y la idea es tener un momento agradable con mi ano, ameno, entretenido, no terminar con el culo dilatado y adolorido a morir.
Lo bueno de mi consolador es que no es rígido, tiene cierta flexibilidad, entonces lo puedo doblar a mi antojo. Cuando lo contemplaba en el Sex Shop me imaginé haciendo el kamasutra con mi nuevo juguetito, además viene con la función de vibrador incluido, así que uff! hay que puro probarlo.
Decidí auto complacerme un día en la tarde. Venía recién llegando de la U, todo sudado, acalorado, y como de costumbre, caliente.
Me di un baño de agua fría, me sequé y me recosté en la cama de mis viejos. Nunca tan weon pa’ no aprovechar la soledad de la casa y dejar de ocupar la cama más grande que hay en la casa.
Me tiré de espalda, abrí las piernas y empecé a toquetearme. Estuve harto rato manoseando mis bolas, de hace tiempo que no jugaba con ellas, es que son muy aburridas, puedo interactuar un rato y después chao, muy monótonas. Prefiero agarrarme la verga y pajearla hasta que duela.
Como estoy circuncidado me gusta quedar contemplando mi cabeza rosadita harto rato, mojarla con saliva y hacerle cosquillas. Tengo unos puntos en esa zona que me dejan marcando ocupado, lástima que ningún weón tenga la consideración de buscarlos y excitarme al máximo.
Para el final dejo lo mejor, mi ano. Me encanta puntearme con los dedos, masajearlo, humedecerlo de a poco, sentir ese hormigueo que sube por entremedio de mis piernas y que logra erizar todos mis vellos púbicos.
Ansioso de ver como funcionaba mi reluciente aparatito, saqué su cajita roja, la destapé, lo saqué del papel celofán que venía envuelto y lo moví para asegurarme que no fuera rígido.
Como no entró a la primera, saqué la latita de crema lechuga, me encremé el culo, embetuné el consolador y de a poco lo fui introduciendo. Al principio era raro, estaba muy helado y como estoy acostumbrado a los penes hirviendo, me chocaba tener algo helado en mi ano.
Primero metí la puntita, después el cuerpo y al final me entusiasmé y lo introduje hasta el tope. Se sentía la raja, podía moverme como quisiera. Recuerdo que me senté, me paré, me agaché, me tiré de guata, me puse de espaldas, me puse boca abajo, boca arriba, en cuatro, de lado, con una pata arriba, con una pierna doblada, uff, era algo de no acabar.
Partí tirado en la cama, después me puse de rodillas en el suelo del living, me senté en el mueble de la cocina, me acosté en la mesa del comedor, me paré en la tasa del water, me revolqué en el patio y volví a la cama de mis viejos.
Estaba feliz, gozaba como nunca, primera vez que tenía algo en mi culo que no se fuera a los dos minutos de estar adentro. Por fin podía hacer lo que quisiera con ese pene. Era mío y de nadie más. Mientras más lo metía y lo movía más me calentaba. Quería acabar, pero me contuve, faltaba todavía, faltaba por probar el vibrador.
Lo saqué rápidamente, le puse las pilas, lo probé y me lo introduje nuevamente.
Si quieren un viaje a la luna de ida y vuelta, les recomiendo mil veces que se metan un vibrador por el culo. Es la sensación más exquisita que se puede experimentar. Llegué a un punto en que no contuve más. Primero fueron gemidos, seguido de alaridos, y terminé gritando como si me estuviesen torturando. Ja1 supieran la forma en que me tortura. Estaba loco, descontrolado, eufórico, enajenado.
Como andaba acumulado el chorro fue espeso, concentrado, y obvimante el orgasmo fue descomunal. Quedé exhausto, como si hubiera corrido una maratón y además me hubiesen follado cuatro penes simultáneamente.
Lo malo es que dejé todo sucio. Había moco por todas partes. En la muralla, en la cama y en mi pecho. Agarré el papel celofán y limpie todo el moco que había tirado, en ese sentido soy una persona bastante limpia y me gusta mantener el orden.
Después de una pequeña siesta me di cuenta que ya no necesito ningún pene de verdad y ningún juguete más.
Que osos de peluche. Que trolls. Que mantitas para dormir. Definitivamente mi consolador se ha convertid en mi juguete favorito. Ahora soy yo y mi dildo. No lo dejo por nada del mundo, duermo abrazado con él y hasta lo he empezado a llevar a clases. En una de esas, me caliento y me lo meto en el baño. Nunca está demás. ¿O no?

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 3/22/2007 08:35:00 p. m. :: 1 comments

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Moraleja

La semana pasado estuve tuerto casi tres días. Nunca pensé que el semen me hiciera tanto daño. Ahora sé que no debo dejar que nadie me acabe en la cara y menos que me tiren sus fluídos en los ojos. El semen es rico, es nutritivo, pero quema demasiado.

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 3/22/2007 08:32:00 p. m. :: 1 comments

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domingo, marzo 18, 2007 Tomando el olor

Cuando tenía siete años siempre salía a jugar a la calle. Recuerdo que siempre me llamaban la atención mis vecinos mayores, esos veinteañeros desarrollados, con buenos físicos y con una entrepierna bien abultada. Siempre me acercaba a ellos para conversar, buscando la posibilidad de que alguno tuviese alguna fantasía con un niño adorable, inocente, puro, con el culo virgen y bien apretado. Nunca obtuve nada de lo que me imaginaba. Nunca me violaron entre cuatro, nunca hubo uno que me invitara a ver tele a su casa y que me pidiera que se lo chupara.
Un día estaba aburrido, no tenía con quien jugar y tenía hambre, ganas de comprarme un par de dulces y saciar mi apetito. La única persona que estaba en la calle, era el tío del negocio, que siempre estaba regando cuando nosotros jugábamos en la plaza. Le gustaba mirarnos, nos saludaba, se reía de lo que hacíamos, y lo mejor, nos regalaba dulces.
Ese día el tío me saludó y me llamó. Me preguntó que hacía tan solo, le respondí que no tenía con quien jugar. Me invitó al negocio y me dijo que podía escoger cualquier dulce. Sin negarme lo acompañé. Le pedí el dulce más caro. Me lo dio. Cuando estaba a punto de ir a la calle me detuvo y me dijo que no se lo había pagado. Le contesté que no tenía dinero y que además el me lo había regalado.
Solamente me pidió un favor, que me bajará mis shorts y que le mostrara mi ropa interior. Como tenía hambre y el chocolate me llamaba a probarlo, sin pensarlo dos veces me desabroché el botón, me bajé el cierre y le mostré mis calzoncillos blancos.
El viejo se acercó y le tomó el olor a mi trasero húmedo, introdujo un dedo donde estaban mis testículos y después se lo chupó. Se sentó, se sacó el miembro y se masturbó. Después de eso hicimos un trato, yo debía quedarme callado y si quería todos los dulces del negocio, tenía que llevarle todas las semanas un par de calzoncillos sucios. Mientras más cochinos mejor.
Así pasaban las semanas, recuerdo que el día viernes le pasaba dos boxers y me los devolvía el domingo para que los volviera a usar. Me gustaba hacerlo porque podía comer todo lo que yo quisiera.
Cuando crecí y ya no me gustaban tanto los dulces cambiamos el pacto. Yo le pasaba mis boxers eyaculados (xq ahora eyaculaba), sudados y húmedos y él debía darme dinero.
No se negó. No podía. Era el único adolescente de todo el barrio que le hacía ese favor, y si no me daba lo que yo pedía, se acababan sus noches de placer oliendo mis calzoncillos sucios.
Un día el viejo me regaló un par de calzones y me pidió que los usara por un día. Eran unos colaless de color rojo. Le dije que yo no usaba lencería femenina, pero cuando abrió su billetera y me pagó el triple de la cuota pactada no me negué. Total, nadie me iba a ver con los calzones puestos y la plata me hacía falta.
Hasta el día de hoy le llevo mis boxers usados al viejo, lo malo es que está en las últimas, está a punto de irse cortado. Que lástima, voy a extrañar esa platita extra que recibía por mis calzoncillos sucios.

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 3/18/2007 06:12:00 p. m. :: 0 comments

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sábado, diciembre 02, 2006 Pollo a las brazas

Hace días que venía conversando con este tipo. Era un médico cubano de 35 años aproximadamente, que llevaba más de seis años viviendo en Santiago.
Cada vez que hablábamos por MSN me mostraba su verga de 21cm por cam.
Su miembro no era muy grueso, pero su tamaño me llamaba la atención y me invitaba a servírmela de una.
Nuestra cita siempre se aplazaba por algún motivo. O yo no podía por mis horarios de la U, o el tenía turno en el hospital, o simplemente le daba una negativa como respuesta, al no tener ganas de estar con alguien. Bueno!, soy sincero, ganas no me faltan, pero hay días en que ando con el culo sensible y no tengo interés alguno de que me introduzcan ninguna cosa.
Así fueron pasando los meses, mi calentura hacia su pedazote de carne se acrecentaba con cada tocación que me hacía mientras pensaba en él.
Hasta que llegó el día menos pensado. Era 31 de octubre, noche de brujas, que mejor instancia para montarme arriba de ese palo duro y recto, y echarme a volar por los cielos capitalinos.
Él me llamó y me dijo que me pasaba a recoger a en una estación del metro. Le dije de inmediato que sí, nunca tan tonto para perderme tamaña oportunidad.
Partí corriendo al bañó, me duché, estimule mentalmente a mi trasero, entusiasmándolo con lo que se venía. ¡Obvio! Debía prepararlo desde un principio, estaba dispuesto a recibir todo de una, y no quería quedarme con las ganas de no haber podido disfrutar a concho de ese miembrecillo.
Nos juntamos a las 9:30 a la salida de la estación. Cuando me acerqué me miró de pies a cabeza, en cambio yo, miré disimuladamente su bultito que se escondía entre sus piernas. Me dijo que lo siguiera y nos subimos a su auto.
Cuando íbamos en la calle, comenzó a tocar mis piernas y mi paquete. Me queda mirando y me pregunta: “¿te gusta el pico?
¡Ja!, ¡eso no se pregunta, está mas que claro que me gusta!, me dije para mí, añadiendo, “este no sabe con quien está tratando, jura de guata que soy un jovencito inocente que nunca ha hecho nada, de nada”
¡Sí!, me fascina, me encanta mamarlo y comérmelo todo, le respondí mirándolo fijamente a la cara. ¡Entonces pégale una chupada ahora!, ¡encantado!
Se bajó el cierre y se desabotonó el jeans. Se corre el bóxer y me saca el regalito que tenía para mí.
Me saboreé de una, humedecí mis labios con la lengua, abrí la boca y me lo metí todo pa’ dentro. Nunca había tenido un penen tan grande en mi boquita. Era tan largo que me llegaba a dar arcadas, pero debía contenerme, me gustaba sentir toda la boca ocupada y siendo atravesado por dicho miembro.
Era lindo. Largito, blanquito, perfumado, con su cabecita rosada, puntiaguda y con una textura suave. Lo único malo, es que a veces tenía ganas de sacármelo para poder respirar, pero no podía levantarme por que los autos se paraban a cada rato al lado de nosotros.
Después de mamárselo como 15 minutos, y con lagrimas corriendo por mis ojos, producto de tanta arcada que me daban, me dijo que me detuviera porque o sino iba acabar.
Mientras continuaba el viaje, se me ocurrió empezar a realizar preguntas de rutina, las típicas tonteras que uno dice para rellenar y hacer tiempo, por que sinceramente no estaba ni ahí con lo que respondía. En una de esas interrogaciones, se me ocurre preguntarle con quien vive, a lo que responde: “Te acuerdas que te dije con un amigo, con el que íbamos a participar los tres en algo”
A ver!, stop! Hice memoria, y en efecto, en una de nuestras conversaciones pasadas me comentó que tenía un amigo con el cual tenían ganas de hacer un trío, y de hecho, me lo había ofrecido, y yo pa’ hacerme el calentón le dije que sí.
Primera vez que el estomago se me revolvió y me dieron ganas de abortar la misión, pero no, mi lado ninfónamo me convenció de seguir con la aventura, convenciéndome que sería otra experiencia mas en el curriculun, dos minos más en la lista.
Antes de que sospechara por mi largo silencio, le dije que me fascinaba la idea que estuviéramos los tres, que por mi parte estaba dispuesto a todo, ¡a todo!
Llegamos al departamento, estacionamos el auto, subimos por el ascensor, como talla me tiro que si no fueran por las cámaras me habría hecho chuparle la corneta ahí mismo, encantado le dije.
Entramos a su casa y me topo con el otro tipo, con el tercero, con la pieza faltante.
El weon no era tan lindo como mi cubanito de penca larga, era ahí no mah, bastante chileno promedio pa’ sus cosas. Era un mino chico, medio rellenito, moreno, de pelo negro, pero a mi me daba lo mismo, con tal que me prestara su herramienta pa’ lamérsela, no hay drama alguno.
Me ofrecieron que si quería me podía bañar, me negué, prefiero hacerlo después.
El cubano se tiró a la cama, se sacó toda la ropa y comenzó a masturbarse. El otro tipo cerró las cortinas y colocó un cd de música ochentera, mientras que su querido Piero se sacó todo lo que traía puesto y se lanzó de una a seguir mamando esa porción de carne curda que tenía al frente.
En el instante que lo chupaba, sentía como dos dedos estimulaban mi culo, y lo humedecían lentamente, erectándome de tal forma que estaba a punto de estallar.
El tipo 2 (no me pregunten nombres por favor, nunca me acuerdo de esos detalles), se recostó frente al cubano, y ahí estaba yo, con dos vergas a mi dispocisión, una más larga que la otra, una más gorda, y ambas esperando partir en dos mi insaciable trasero.
Primero me comía una, luego la otra y así sucesivamente, hasta que el cubano se levantó, me puso a lo perrito, su colocó un condón, escupió mi culo y comenzó a introducir sus 21 cm por mis entrañas. Al principio me dolió y pedí a gritos que la sacara. Jugó un rato con sus dedos y la volvió a introducir, provocándome esta vez un placer incomparable, nunca antes experimentado. Sinceramente llegue a ver estrellas, por mí me quedo para siempre con su pene incrustado dentro de mí. En pocas palabras era esplendido.
Mientras me follaba, el contorneaba mi cintura con sus manos y me le daba pequeños golpes a mis nalgas, excitándome cada vez con el sonido que se producía.
Con un pene introducido en mi culo, el segundo tipo me tomó la cabeza, la inclinó y me hizo tragarme todo su miembro.
Era un sueño hecho realidad, por primera vez me sentí como un pollo a las brazas, atravesado por delante y por detrás. Los dos se movían, los dos se besaban, los dos me penetraban, los dos me daban placer, los dos querían poseerme, los dos vaciaban su apetito en mi.
El cubano se fue cortado primero, sacó su pene y se fue. Me dejó con el tipo 2, el que también quería ponérmelo. ¡Será!, me dije pa’ mi. Así que respiré hondo, miré el techo, abrí las patas, y dejé entrar a esa presa gorda.
Sentía calambre en mi entrepierna, mi culo se estremecía con la dureza con la que me penetraba. Me gustaba, me calentaba que fuera un caníbal salvaje conmigo. ¡Tómame!, ¡fóllame!, ¡mételo todo!, ¡hazme tuyo!, ¡acaba!, ¡acaba!, le gritaba mientras miraba sus ojos que cada vez se iban poniendo más blancos.
Cuando sentí que su pene empezaba a vibrar y que se venía el chorro, apuré el mío, y ambos eyaculamos poderosamente al mismo tiempo.
Quedé muerto, destrozado, exhausto, no me podía ni las piernas, ni el culo, ni nada.
Esperé un par de segundos, agarré mi ropa y me fui a bañar.
Sentía mi trasero demasiado abierto y no podía caminar mucho, no me dolía, pero pareciera que tuviera una perforación enorme.
Después de la ducha, el cubano se ofreció para ir a dejarme, obviamente acepté, ni cagando me iba a esa hora solo pa’ mi casa, menos con el culo a cuestas.
Cuando llegamos a mi casa, me bajé, cerré la puerta y me dijo: “apróntate, para la próxima, vamos a ser más”, “no hay ningún problema, yo encantado”, le respondí.
Ahora estoy esperando con ansías su llamado, una orgía no me haría nada de mal. Si se demora mucho en llamarme tendré que organizar una por mi propia cuenta. Mi trasero cada vez se ponen más hambriento, ya no se conforma con una sola verga, ahora postulo a ser penetrado por cuatro miembros. ¿Me la podré? Yo creo que sí, es cosa de intentarlo.

Xx PiErO xX

Posted by il Piero :: 12/02/2006 11:20:00 p. m. :: 3 comments

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Un loco por Mary

El otro día llegué hambriento de la U. Lo único que quería era comerme un miembro y sentirlo como juega con mi lengua.
No sabía a quién recurrir, así que desesperado me metí al Chat gay y concerté una cita con un tipo que vivía relativamente cerca de mi casa.
Hice el ritual previo a los revolcones. Salí corriendo de la casa y me subí a la primera micro que me sirviera.
Llegué a unas poblaciones de lo peor, se notaba que era un mino humilde por el sector donde vivía. Eso no me importó, tengo una atracción hacia los flaytes, así que entre más chulo, mejor, más me caliento.
Saqué el papel donde había anota su dirección. Llegué a su casa, toqué el timbre y se asomó por la ventana. ¡Bingo!, era un chulazo de lo mejorcito. Morenito, alto, pantalones a medio culo, polera ancha, y un jockey puesto hacia atrás.
Cuando lo vi, el culo se me estremeció del hambre, y me pene se descontroló dentro de mis boxers.
Me invitó a pasar, me hice el tímido, el callado, el sumiso. El me agarró de la cintura, me acerca a su cuerpo, me queda mirando y me dice: “hace tiempo que quería comerme a un mino como tú”
Uff! con eso me mató. Que dedos, que pene, que lengua. Con esas palabras, el culo se me abrió de una. Empezamos a besarnos, su lengua se introdujo hasta el fondo de mi garganta, mientras yo se la succionaba como si se la fuera arrancar.
Le mordí los labios y se los tiraba como si estuviera desgarrando un pedazo de carne.
Me metió la mano en el pantalón y empezó a jugar con mi ano.
Nada de tonto y sin desperdiciar tiempo, le metí la mano en el calzoncillo y le agarré la corneta de una. Estaba dura, mojada, mis dedos quedaron húmedos, así que los saqué y me los chupé.
Lo empecé a masturbar y me hizo parar. Nos desnudamos en el living de su casa, tomó mi mano y me llevó al segundo piso.
Me empujó sobre su cama, abrió mis piernas, y me empezó a lamer el culo. No me gusta que metan su lengua por esos lados, primero me da cosquillas y me rió demasiado y segundo, me siento vulnerable y no me gusta perder las riendas de la situación.
Como lo veía muy entusiasmado ahí abajo, lo dejé, total, yo me entretenía viendo los dramas cebollas que mostraban en el “Pasiones” (la tele estaba prendida, okay!, nunca tan picante pa’ pedirle que encendiera el televisor pa’ ver esa wea)
Cuando me dejó el ano bien mojado me preguntó si había algún drama con que me penetrara. “¡Para nada, dale no mah, entra con gusto, estay en tu casa!” le dije mientras me acomodaba para recibir esa exquisita pieza de carne.
El mino quería metérmelo a cuero pelado, pero como soy un chico responsable que vela por mi salud, le dije que no había penetración sin condón.
Pa’ variar era de los típico minos que les gusta ponerlo y que nunca andan con preservativo, así que me tuve que levantar, sacar uno de mis pantalones y pasárselo.
No sabía muy bien como ponerlo, la wea se le resbalaba y no le achuntaba nunca. Novato tenía que ser. Espere un par de minutos pa’ ver si cachaba algo, pero no, tuve que darme el trabajo de agarrarle el pene con la mano, acomodarlo y empujarlo hacia adentro. Igual me dolió cuando me lo puso porque lo tenía medio grueso, pero la calentura me superó y lo aguanté todo.
Lo hicimos a lo misionero, me puse de guata, lo monté bien montado y después me senté simulando que él era una silla.
Cuando estaba a punto de acabar me dijo que tenía una fantasía. Le pregunté cual era, y me respondió que quería irse en mi cara.
Una vez una amiga me dijo que ella se esparcía el semen por las mejillas, porque le ayudaba a tonificar la piel y a botar las impurezas. Me dejé llevar por las ganas de recibir una buena limpieza de cutis, así que le dije que no había ningún problema, que me tirara todo el moco en la cara.
Me sacó el pene del culo, extrajo el condón y empezó a pajearse. Cuando noté que iba a eyacular, cerré los ojos y recibí sus fluidos, de la misma forma en que pongo la cara para sentir las gotas de lluvia.
Quedé con una máscara de semen que se esparcía lentamente por mis mejillas.
El tipo, en un acto de decencia me limpió los labios, la nariz y los párpados con una toalla.
Después de acabar, recogí mi ropa y entré al baño. Cuando me estaba vistiendo, me percaté que me había caído semen en la parte frontal de mi pelo.
Toda mi chasquilla se había levantado y estaba rígida. En un acto desesperado traté de bajarlo a la fuerza, pero era imposible. Mojé mi cabello, lo froté y fue peor, había creado una especie de pasta espumosa que se desparramaba por todas partes.
Finalmente se me ocurrió humedecer aún más mi pelo y presionarlo con la toalla. Por suerte pude bajarlo, pero me quedó aplastado, un lengüetazo de vaca.
Me fui lo más rápido a mi casa, lo malo que durante el trayecto y gracias al viento que corría, mi pelo volvió a levantarse.
Menos mal que vivo cerca de este individuo, y pude bañarme apenas llegué a mi casa.
Ahora lo he pesando mejor y he decido que nunca más voy aceptar que eyaculen en mi adorado rostro. Es rica la sensación de sentir que te tiren el moco y que este se chorreé, pero el papelón de andar con todo el cabello tieso, no se lo doy a nadie.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 12/02/2006 11:17:00 p. m. :: 1 comments

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miércoles, septiembre 27, 2006 Haciendo el aseo

Hay veces en que no me puedo contener la calentura. Cuando estoy en la universidad, he ido corriendo varias veces al baño a masturbarme. Es algo que no puedo aguantar, necesito bajarme los pantalones, sacarme el pene, humedecerlo con mi saliva y corrérmela, hasta dejar toda la taza con semen.
El miércoles pasado estaba en la sala de los PC, el roce con el mueble me tenía loco, así que me levanté disimuladamente, caminé por el pasillo y entré al baño.
Ingresé a una cabina, no cerré la puerta, nunca lo hago.
Estaba de lo mejor pajeándome cuando entró el mino que hace el aseo.
Siempre nos hemos quedado mirando, algo tiene que me llama la atención. Su polera toda sucia y su buzo maltrecho me calientan de inmediato. Me dan ganas de bajarle los pantalones de una, mientras está empinado limpiando los vidrios, sacarle todo su paquete y lamérselo entero.
Al momento en que entró al baño, se percató de mi presencia. Se acercó hasta mi puerta y se puso a frotar el espejo. Yo lo podía ver y el me podía mirar. Para variar intercambiamos un par de miradas, pero esta vez fui un poco más lejos, le cerré un ojo y le sonreí.
Su respuesta fue instantánea, río, miro para todos lados y se paró detrás de mí.
Me hice el interesante, continué masturbándome, pero esta vez eran sus peludas y polvorientas manos las que me corrían el forro. Me acarició con sutiliza, me extrañó que un hombre que se dedicara al aseo, fuera tan dulce, tan dócil, y tan tierno.
Su lengua recorría mi cuello, sus manos jugaban con mi pene, hasta que se agachó, juntó la puerta, y me empezó a lamer el culo.
Nunca me ha gustado mucho que me lo chupen. Me pongo incómodo, no sé porque, pero me siento como si fuera un pollo antes de ser fileteado.
La cuestión es que se quedó pegado como cinco minutos en mi ano. Con su lengua mojando cada rincón de mi trasero, aliñándolo lentamente. Me aburrí que me lo chupara, así que le toqué su pelo seco, le tomé su cara y lo besé.
Bajé lentamente por su estomago, su ombligo, le bajé el buzo y me topé con unos calzoncillos matapasiones.
Si hay algo que me desagrada son esos boxers o sleeps de supermercado. Esas típicas weas de colores durazno, o celeste, o amarillo pato, o blancos, o plomos, o azules, simplemente los odio. Mínimo el weon que me va a follar tenga puesto unos boxers bien marqueros y de un color llamativo.
La cuestión es que estaba tan caliente, que hice caso omiso ha este detalle, se los saqué rápidamente y se lo mamé.
Soy sincero, lo tenía ahí no mah. Ni tan grande y ni tan grueso. Era escuálido, bien depilado eso sí, y perfumado. Estuve harto rato haciéndole sexo oral, se lo lamí como si fuera un heladito, rico, jugoso.
Me dieron ganas de que me lo pusiera, así que me bajé los pantalones hasta los tobillos, coloqué la tapa del water y me senté.
Él se metió por debajo quedando entre mis piernas, me afirmé de las murallas de los lados, abrí lo que más pude las piernas, se puso un condón, me escupió el culo y me lo chantó todo.
Grité un poco, pero me tapó la boca. De repente sentía que algunos pasos caminaban por el baño, incrédulos de lo que estaba pasando en una de esas casetas.
Él se contorneaba de lo mejor, parece que la práctica con la escoba le ayuda bastante.
Lo único malo es que me pegaba contra la muralla. Mi cabeza se azotaba con la punta de la taza, pero eso me incitaba a seguir, me encanta el dolor.
En un acto inesperado, sacó su miembro de mi culo, se dio vuelta, abrió la puerta, busco en su gaveta un objeto y volvió a entrar.
Me dijo que cerrara los ojos, le hice caso. Sentí algo duro, áspero, tieso y frío, que se introducía en mí. Abrí mis ojos, y para asombro pude que me estaba metiendo un plumero.
Estuvo harto rato dándome duro con el plumerito. Hasta que inesperadamente la acompañante le pregunta desde la puerta, que es lo que está haciendo, a lo que él respondió: ¡espera, estoy haciendo el aseo!
¡Uff! Supiera su compañera que estaba haciendo un aseo bien profundo. Un aseo exhausto dentro de mis entrañas, dejándolas limpiecitas de toda calentura.
Nunca antes había acabado con un plumero adentro. Me gustó, porque así pude limpiarme el moco con la parte peluda del plumerito. Después me subí los pantalones, me lavé las manos, acomodé mi pelo y volví a clases.

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 9/27/2006 06:27:00 p. m. :: 1 comments

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Cita con la psicóloga

El otro día un tipo me trató de sexópata. Me dijo que era sucio, cochino y un cerdo por prestarle el culo al primer mino que me lo pidiera. Bueno, seamos realista, igual tengo un poco de dignidad y no se lo paso al primer weón. Mínimo el mino debe tener algún atractivo por ahí, no sé, lindos ojos, poto parado, paquete bien formado y que se vea comestible de lejos, ¡uff! no sigamos ya se me hizo agua la boca.
La cuestión es que este pelmazo hizo que considerada la pequeña y lejana idea, de que a lo mejor poseo alguna enfermedad, por lo que decidí acudir a la psicóloga de la universidad y plantearle mi preocupación.
Cuando entré la tipa me miro de pies a cabeza, con ojos lujuriosos, pasándose la lengua por los labios y se acomodó los lentes con los dedos. Me ordenó que me sentara y que le contara mi preocupación.
La cita fue más o menos así:

Piero: Estoy acá por un problema bien puntual. Quisiera saber si lo que estoy haciendo es un poco inusual y es síntoma de alguna enfermedad.
Lo que ocurre, es que en los últimos años, sobretodo en mis ratos de ocios, me baja una comezón hasta la boca del estómago y que luego, me empieza a generar ciertos cosquilleos en mi zona púbica. Es un ardor tan fuerte e incontrolable, que me domina, hace que me lance a la vida y me consiga urgentemente alguien con quien follar. Es algo que me supera, que me controla y que no se calma hasta que haya sido sexualmente saciado.
Doctora: ¿Qué siente en esas situaciones?
Piero: Creo que me gusta la euforia que siento en esos encuentros. Sólo tengo un pequeño problema de ansiedad.
Doctora: ¿Qué quieres decir?
Piero: Que la ansiedad me domina, no me deja tranquilo, no me deja dormir, necesito sentirme poderoso al momento de estar cogiendo con alguien, sentirme dueño de la persona y que se ponga a mis pies y haga todo lo que yo le diga. En cambio hay otras ocasiones, que esa ansiedad me hace comportar como alguien ingenuo, inocente, que no quiebra un huevo, por así decirlo, hacerme el virginal, todo con el fin único, de incitar a alguien para que caiga en mi redes, y poder estrujar hasta su última gota.
Me encanta sentirme deseado, cuando estoy con una sola persona me cuesta ser fiel, no me complace tener sexo solamente con un solo individuo, requiero el cuerpo de alguien más. Creo que eso no es necesariamente destructivo, hasta podría ser saludable.
Doctora: ¿Cómo es eso?
Piero: Tal vez no sea bueno para mí darme por completo a una persona. Esta es una manera de tener mi propia área privada, completamente separada. Quizá eso sea sano para mí.
Doctora: Una de mis especialidades es la adicción sexual, la que consiste en la sublimación de emociones que son demasiado dolorosas de enfrentar. Es la raíz de toda adicción, de verdad, pero en tu caso no es necesariamente aplicable.
Lo siento, pero no creo poder ayudarlo, porque usted no lo necesita. Veo que ha evolucionado más allá de la necesidad de terapia. De hecho lo admiro, porque si yo no tuviera una crianza católica- apostólica y no me inhibiera la estúpida idea de creer que el sexo es una acción pecaminosa y que Dios me va ha juzgar por ella, en estos momentos estaría cogiendo con el primero que pase, como una ramera alcohólica barata. Sinceramente lo admiro. Váyase, no tiene nada más que hacer.
Me levanté, estiré mi pantalón, me saqué el bóxer del poto y me fui.


Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 9/27/2006 06:24:00 p. m. :: 0 comments

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domingo, septiembre 17, 2006 Otro viernes por la noche

El viernes pasado andaba con ganas de salir y reventarme al máximo. Como a las 7 había conversado con un amigo y me pregunto que haría más rato, a lo que respondí: “quiero hacer de todo, hoy esta todo pasando”
Parece que eso de “todo pasando” me lo tomé muy a pecho, porque sinceramente esa noche termine haciendo de todo.
Todo comienza cuando el día domingo me puse a chatear y conocí a un mino. Los dos estábamos en busca de alguna aventura descarriada, pasional y bien caliente, queríamos concretar algo casual, un encuentro donde nos diéramos como caja y quedáramos exhaustos. Le mostré un par de fotos que tengo para la ocasión (los más afortunados pueden verlas, los demás que se quedan con las ganas), se entusiasmó, conectó su cámara y pude contemplar su cuerpo nítidamente. Su cara estaba oculta, no me la mostró, pero compensó el misterio exhibiendo un estómago bien marcado, unos calzoncillos marca “Tommy Hilfiger” que a simple vista me dejaron marcando ocupado y un paquete apretadito, formadito y con la puntita asomándose de a poco.
Le dije que fuera osado y que mostrara más, obvio, de alguna forma debía entusiasmarme, así que el weón se sacó todo su pene erecto y lo refregó contra la pantalla. La saliva se me juntó en la boca, y no pude evitar correrme un poco el forro.
Quedamos en salir este viernes en la noche y darnos hasta por los codos.
Hablamos durante toda la semana, me excitaba su voz, además me percaté que era rubio, así que mi afán y deseo por pasar masturbarlo, lamerlo entero, y hacer que acabara en mi boca, eran incontrolables.
Nos pusimos de acuerdo y la hora de la cita era a las 11:30 a la salida del Teatro Universidad de Chile. Me iba a pasar a buscar en su auto, así que no iba a estar mucho rato en ese lugar lleno de locas de mala muerte y que andan pasadas a pico.
Llegué a las 11:15, caminé un poco por el sector, mi trasero vibraba, llegaba a sonar del hambre que tenía. Mi pene se erectaba con el sólo roce de mis boxers y mi boca se humedecía con tan solo pensar en el pedazo de carne que me iba a servir.
No aguanté, caminé hacia las jardiineras y me senté en la punta de una. Traté de hacerlo piola, disimuladamente, pero creo que no me resultó. Un par de maracos me veían fascinados, como me movía lentamente sobre la puntita de los maceteros. Me miraban espantados cada vez que gemía al sentir el concreto incrustrase en mi culo.
Mis movimientos fueron interrumpidos cuando un mino alto, delgado, desabrido, me preguntó si era Piero. Giré lentamente la cabeza, la levanté y para mi decepción era feito de cara. Si hay algo que me mata las pasiones son los weones feos de cara. Pueden tener un físico espectacular, pueden ser muy inteligentes (bueno, eso de ser inteligente pasa a un segundo plano a la hora de culear, pero mínimo que diga cosas interesantes) y pueden gastarse la media presa, pero con una cara no comestible, estamos mal.
Hice lo que hago siempre cuando me junto con alguien que no me gusta: “Sorry, pero te equivocaste”, nuevamente giré la cabeza y miré hacia otro lado.
Me dio rabia, no quería regresar a mi casa con el poto apretado, vi la hora, era temprano, así que decidí emprender una nueva búsqueda.
Crucé, pasé por donde se junta todo el lokerío para ir a la ordinariez del Bokhara, unos weones me miraron descaradamente, pero pucha, sorry, no busco minas con picos que me follen (dudo que sepan hacerlo, yo creo que están más abiertos que yo), busco machos que me hagan chillar.
Deambulé tranquilamente por el Forestal. Miraba hacia todos lados, tratando de divisar a alguien que estuviera masturbándose entre medio de los árboles, o algún oficinista deseoso de una buena mamada.
Caminé y caminé hasta que llegué al Bellas Artes. Decidí emprender mi rumbo hacia al Santa Lucía. Recuerdo que cuando era chico mi madre me dijo: “Nunca tienes que andar por estos lado de noche, nunca”
Lástima que el hijo le salió bastante porfiado, y el bichito de saber porque no podía ir, me incitaba a ver que sucedía.
Transité por las calles aledañas, me topé con otros jóvenes solitarios que caminaban por el sector. Varios autos me hacían cambio de luces, otros me tocaban la bocina, otros se detenían a mi lado me quedaban mirando y me sonreían.
Me dí una vuelta a la manzana, me volví a topar con uno de los muchachos que ya había visto, paso por su lado ignorándolo, y me detengo después de escuchar: “¿Está muy mala la noche?”
“Súper mala, aún no me he hecho nada”, le respondí deduciendo de que se trataba todo esto. Nos paramos en la esquina de San Isidro con Moneda y empezamos a comenzar. Me dijo que se extrañaba porque nunca antes me había visto, le contesté que era nuevo en el sector, que antes trabajaba en otro lado.
Mi calentura nuevamente se apoderó de mí culo ansioso y de mi verga jugosa. Tenía dos opciones, o me tiro a este mino con el que estoy hablando o termino haciendo algo totalmente nuevo.
Pasaron como diez minutos y un auto empezó a tocar la bocina. Mi querido partner salió corriendo de inmediato hacia el auto, yo miré hacia otro lado haciéndome el desentendido. De repente me doy cuenta que mi compañero me hace un gesto con la mano, camino hacia él y me paro a su lado. Me queda mirando y me dice: “quiere contigo”. Me agacho, y le miro la cara al tipo que requería de mis servicios.
No estaba mal. Bordeaba los 40 años, estaba vestido con traje de oficina (punto a favor, siempre me han calentado los oficinistas) el auto era último modelo y se notaba que era alguien con harta pasión acumulada. Me preguntó cuanto era la tarifa, rápidamente le contesté 30 lukas la hora. Me miró de pies a cabeza y me ordenó que me subiera.
Me despedí de mi colega, tragué saliva y con mi mano sudada abrí la puerta.
Nos miramos fijamente e intercambiamos sonrisas. Conversamos un rato, estaciono el auto en Huérfanos y empezamos a besarnos. Su lengua chocaba con mi paladar, sus manos tocaban mis muslos, las mías no se quedaban atrás y le agarraban esas bolas que se escurrían en sus calzoncillos.
Sus dedos se mojaron al tocar la punta de mi pene, mis dedos tiraban con fuerza la hebilla del cinturón. Tenía ganas de liberar a su bestia, por el roce pude saber que era una fiera de gran tamaño y deseosa de perforarme.
Nos cambiamos al asiento trasero. Sin ningún preámbulo, me tiró de guata, bajó mis pantalones y mis boxers, sacó su miembro, se colocó un condón y me la chantó toda, de una. Grité como si me estuviera atravesando una lanza por el culo. Los primeros minutos fueron llenos de frenesí, me dolía, demasiado, tal vez por su tamaño, tal vez por su grosor, o simplemente por la brutalidad de macho dominante que sacó a relucir.
Mis manos se aferraban tan fuerte de la puerta que sin querer se abrió y casi caímos a la vereda. Ese lapsus sirvió para que sacara su pene y pudiera lamérselo.
Me lo comí enteró, sintiendo ese olor a sudor masculino, y ese sabor a piel grasosa.
Sus manos presionaban mi cabeza, provocándome arcadas al tener su pedazote atravesado en mi boca.
Sin previo aviso, me levantó, se puso otro condón y me obligó a sentarme arriba suyo. Sentí como algo duro, tieso, caliente me iba desgarrando en dos partes. Era como si me estuvieran introduciendo un palo por el trasero y lo movieran sin compasión alguna.
Me gustaba, me excitaba sentir dolor, sometimiento y fuerza.
Sus gemidos eran bajos, se dedicaba a meter su lengua en mis orejas. Antes de que acabar, me golpeo fuertemente mis cachetes. Primera vez que me dejan el culo colorado. Eyaculó sobre mi estomago, y yo eyaculé en su boca. Se lo trago todo. No dejó nada. Mientras se arreglaba me contó que tenía que llegar temprano a su casa a cuidar a sus hijos. Yo le dije que se apurara porque tenía que seguir trabajando. Se ofreció con llevarme a mi casa, pero le dije que no. Abrió su billetera y me pagó 40 lukas.
Para ser mi primer sueldo no esta mal. Además fueron 45 minutos de placer y de gozo. No se me había ocurrido esta forma de hacerme dinero. Es entretenido, fácil, rápido y se gana harto. Voy a pensar esa opción, en una de esas, me hago de hartos clientes.
Ahora quiero descansar, esperar que mi culo no esté tan resentido, masturbarme por las mañanas y gastarme la plata. ¿Quién quiere ir al cine conmigo?


Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 9/17/2006 10:38:00 p. m. :: 2 comments

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viernes, septiembre 08, 2006 Explorando

Mis primeras manifestaciones sexuales se dieron en mi infancia, obvio, cuando comienza la exploración, y el afán de conocer todas las partes que componen tu cuerpo.
En mi caso pasaba tardes enteras tocándome todas esas “partes privadas” y que solamente eran mías. Hasta el día de hoy recuerdo que mi madre solía decirme: “nadie puede tocar tus partecitas, son sólo tuyas, y cuando lo hagan me tienes que avisar”. Obviamente que nunca le conté la primera vez que me practicaron sexo oral y acabé en la boca del weon que me la estaba mamando como si fuera la última verga del mundo. Tampoco le dije cuando llegó a la casa, y yo me encontraba en el baño, limpiándome el semen que escurría lentamente por mi espalda, y menos le confesé la primera vez que abrieron de par en par y me lo chantaron todo, hasta dentro, desplegando un alarido que retumbaba en la boca del mino que me estaba penetrando.
Cuando era un adolescente, no había instancia en que no me estuviera masturbando. A veces salía de la sala de clase y me corría la paja encerrado en el baño del colegio o simplemente iba a la enfermería y acababa allá.
Donde me pillaran las ganas lo hacía. Una vez iba en la calle, en pleno verano y habían unos minos que se estaban manguereando en el antejardín. Al ver esa tan provocativa escena, mi miembro se erectó y no pude aguantar la calentura.
Andaba con un short, la erección era evidente, debía hacer algo para no andar con la carpa levantada. Me acordé que cerca de ahí había un potrero, caminé hasta allá, ingresé al sitio eriazo, me camufle entre los matorrales y me pajié. Recuerdo que el moco saltó al pasto y se quedó ahí, inmóvil, secándose con los rayos del sol que le llegaban.
Quedó un poco en mis dedos, los agité fuertemente y listo, el residuo salió volando. Esa fue la segunda vez que me masturbaba con audiencia, al parecer una vieja me había estado observando desde su casa, porque cuando salí del sitio, me miró con ojos lujuriosos el bulto entre mis piernas.
La primera vez que me pillaron, bueno no sé si realmente me habrá visto, o habrá deducido lo que estaba haciendo.
Mi madre solía salir en las tardes, y casi siempre me dejaba al cuidado de mi nana. La vieja era simpática pero media ineficiente. Ella era manca, por lo que se demoraba un mundo en hacer el aseo, por lo que me veía en la obligación de ayudarla.
Recuerdo que la vieja estaba tratando de planchar. Cada vez que lo hacía se ponía a ver tele, entonces era mi oportunidad para ir a jugar un ratito con mi bestiecita dormilona.
Me encerré en mi pieza, puse una porno donde dos minos se lamían las axilas y se lengüeteaban el paquete. No sé porque, pero eso de pasarse la lengua por todas partes me fascina, es lo que más me gusta, si me hicieran escoger algo en el ámbito sexual, sería eso, lamer y chupar.
La cuestión es que mi pene se erectaba antes de apretar play, entonces sólo tenía que estimularlo un poco con mis deditos juguetones y con un poco de saliva.
Con una mano me masturbaba y con la otra me tocaba el trasero.
Estaba embalado imaginándome que tenía a un mino a mi disposición, y que este hacía todo lo que yo le pidiera. Estaba a punto de eyacular y dejar pegado mis fluidos en la parte superior del camarote, cuando esta vieja impertinente entró a la pieza para preguntarme si quería comer algo.
Apenas la vi entrar me subí el short y me tapé la erección. Me quedó mirando con ojos desorbitados, como si estuviera cometiendo un delito digno de merecer la amputación de una mano (quizá a ella la pillaron en lo mismo y por eso era así).
Mi cabeza trabajó rápidamente y le dije que sentía una picazón en mi pene y que me ardía mucho, que por eso me lo estaba “rascando”.
Su cara de alivio regresó y me dijo que no me preocupara y que le dijera a la mamá lo que me pasaba. Después me volvió a preguntar si tenía hambre. Obvio que tengo hambre, hambre de comerme un pedazote de carne cruda bien parada y bien jugosa, de tragarme el moco y de darle la pasada de una.
Le respondí que no, y que se dejara de wear, me paré y cerré la puerta.
Después de eso no podía, excitarme, me costaba concentrarme. No sabía en que pensar. Me imaginaba vergas gigantes, culos penetrados, bocas moqueadas y nada de nada. Me concentraba en compañeros de curso, en vecinos y no me resultaba.
Necesitaba un estímulo mayor, algo casi real, algo que me dejara volando por las nubes, fue así como miré hacia mi lado y vi el teléfono. Estaba reluciente, brillante, y me llamaba deseoso. No espere más, lo descolgué y de esta manera descubrí una nueva y entretenida forma de obtener placer....
Continuará...

Xx Piero xX

Posted by il Piero :: 9/08/2006 11:06:00 a. m. :: 2 comments

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